Apenas bajamos del ascensor vimos a Tamara con Adrián, no se puede ser más descarados.
Maximiliano y yo nos miramos, él tomó mi mano y avanzamos hacia ellos.
Tamara hacia la actuación de su vida, se mostraba desesperada, llorosa por el estado de su padre.
A su lado Adrián, con su sonrisa maliciosa y ese brillo de ambición en los ojos.
Su traje de diseñador no tenía una sola arruga. Parecía más un ejecutivo esperando una firma de contrato que un hombre a punto de perder a su suegro.
—¡No tienen