—Voy al tocador –Dijo Tamara, mientras se levantaba de la mesa.
Muy atentos Adrián y Maximiliano se pudieron de pie. Yo esperaba inventar una excusa para irnos, no me hacía mucha gracia estar allí.
Un pianista tocaba una triste melodía, los tres nos quedamos en silencio disfrutando de la pieza musical.
Todo iba bien hasta que entró una llamada al teléfono de Maximiliano. De nuevo su rostro se volvió a tornar sombrío.
—Es una llamada internacional, en un segundo vuelvo. —Salió dejándome a solas