—Gael, ¿Te has vuelto loco? Sabes que Adrián es un lince, pretende el dinero de tu hija, eres consciente del daño que me hizo y lo premias trayéndolo de vuelta.
Arya parecía una metralleta soltando las palabras una detrás de otra. Su respiración era agitada y las mejillas se le tiñeron de rojo.
No la culpo, ella tiene toda la razón, aunque intento explicar mi táctica.
—Al enemigo hay que tenerlo cerca, yo sé lo que hago. Ponte linda te quiero en la cena de esta noche.
Arya se acercó y me tomó d