—Dime que no me amas y te dejo en paz.
Esa mirada devoradora y su aliento caliente en mi cuello, casi me hacen ceder.
“Uno de los dos debe ser racional o esto se irá al barranco, lo siento Gael, Tienes muchas complicaciones para encima cargar conmigo.”
Él no me soltaba y yo me negaba a soltar palabra, en ese momento rogué al cielo que Celeste me llamara.
Él dio un paso hacia mi, y mis ojos se fijaron en las canas plateadas que nacían en sus sienes, esas que a mí le daban ganas de acariciar cad