—Eres libre Arya, te puedes ir. —Gael rompió el contrato de trabajo.
Los ojos se me llenaron de lágrimas, antes me hubiese sentido aliviada, ahora solo deseo estar a su lado.
—Señor, yo le dije que estaba dispuesta a trabajar hasta el tiempo estipulado.
Él se sonrió y luego tomó asiento.
—Eres accionista de la empresa, puedes mudarte a tu departamento, te recuerdo que ahora tu responsabilidad es con la empresa.
Eso no me hacía feliz, al contrario el pecho me ardía de la impotencia.
No querí