Gael.
La frustración me quemaba la garganta, hice un esfuerzo grande y aun así mis ojos me traicionaron.
Una lágrima se me salió en forma espontánea, el fruto de nuestro idilio enfrente de mí.
Con su carita redonda y sus brazos regordete. Tiene la misma sonrisa de su madre, los demás rasgos son míos.
Ya no había vuelta atrás, yo tenía que asumir el control de las empresas y de mi vida, eso incluía reclamar la paternidad de James.
El pequeño se acercó más a mí, en vista de que su madre ni yo re