Gael.
Arya dio un paso al frente, incapaz de seguir callada. La indignación la hacía verse encendida, viva, la mujer de la que me había enamorado perdidamente.
—Esto no es por la empresa, Gael —dijo Arya. —Es una bajeza. Estás usando el poder económico para castigarnos. ¿Por qué? ¿Por qué nos haces esto si tú mismo nos empujaste a estar juntos? Tu hijo te idolatra. Ha hecho todo esto por ti.
Sentí que la bilis me subía por la garganta.
—Salgan todos de aquí, tengo que hablar con mi hijo y su m