Mi hijo Maximiliano, llegó a la empresa al día siguiente, eran las nueve de la mañana.
Yo estaba fumando un cigarrillo frente al ventanal de mi oficina, sintiéndome el dueño absoluto del universo.
Todavía tenía la semilla de la duda clavada. Las matemáticas de esa noche coincidían exactamente con el nacimiento de James. Nueve meses exactos.
La imagen de la pantalla de seguridad seguía dándome vueltas en la cabeza: el niño riendo en los hombros de Maximiliano, imitando sus gestos, me dieron much