Arya.
Ese mismo día, después de otra cena silenciosa, no aguanté más.
Cuando James ya estaba dormido. Fui a la biblioteca sabiendo que Máximiliano estaría ahí revisando los cierres de los mercados.
Entré sin tocar y cerré la puerta con fuerza. Él estaba frente al escritorio, iluminado solo por la lámpara de mesa.
Ni siquiera se sorprendió al verme entrar de esa forma. Dejó los papeles a un lado y se cruzó de brazos, esperando.
—Tenemos que terminar con este circo, Maximiliano —dije, parándome