Arya.
El nacimiento de mi hijo fue un proceso doloroso, durante las horas de labor, Max se mantuvo a mi lado.
Su presencia me dio un apoyo que no pensé necesitar. Cuando los dolores se volvían insoportables, apretaba su mano con una fuerza que habría lastimado a cualquiera, pero él ni siquiera parpadeaba; sostenía mi mano con la mirada fija.
Cuando el llanto del bebé inundó la sala, una paz profunda me llenó por completo. La enfermera limpió al niño y se lo entregó directamente a él en lugar de