Arya.
James crecía rápido, demasiado rápido, mi hijo ya no era un bebé que se quedaba donde lo dejabas; era una ráfaga de energía corría por toda la mansión.
Máximiliano era su héroe y su mundo entero giraba alrededor de su papá.
Verlos juntos era una mezcla de paz y de una culpa que me apretaba el pecho. Maximiliano se despertaba a las seis de la mañana solo para esperar que James bajara a desayunar.
—¡Papá, mira el camión! —gritaba mi hijo.
James se subía de un salto a las piernas inmoviliz