Arya.
—Adrian Montealegre, ¿Cómo se declara de los cargos que se le imputan? —El juez miraba la lista de acusaciones.
—No culpable, su señoría. Todo es un ardid en mi contra.
El juez lo miró por encima de las gafas. El abogado le decía algo al oído, el rostro de Adrián se veía pálido.
El proceso fue rápido, las pruebas no dejaron espacio para la duda.
Eran más delitos se le acumulaban a la pena que ya pagaba por fraude. Ni un milagro lo podía salvar de ser condenado.
Frente al juez, aquel hom