Gael.
“Arya, estoy bien.”, pensaba mientras ella lloraba encima de mí.
Lloré de impotencia, quiero hablar y mi garganta tiene la rigidez de la muerte. De pronto todo se volvió extraño, un silencio y ese frío aterrador que me congelaba.
El sonido de la máquina avisaba que mi corazón se había detenido. Ya no siento dolor, una sensación de vacío me invade. No es miedo, es mi alma entendiendo que ya terminó.
Me encontré de pie, flotando en esa habitación. Fue una sensación espantosa. Me miré las m