Arya.
El doctor me clavó la mirada, directo a los ojos. Esa expresión de gravedad en su rostro confirmó mis temores.
Ese silencio me alteró aún más los nervios, tal como si no se atrevía a decir que ya no había nada que hacer.
—¿Va a vivir? —le pregunté. Casi al borde de un ataque de nervios.
El doctor suspiró de nuevo, bajando los hombros. Fue claro, directo.
—El paciente está muy mal, señora. Su cuerpo recibió un impacto brutal. La inflamación en la cabeza es severa y el corazón está haciendo