Arya.
—Señora, ¿Es familiar del recluso? —Dijo uno de los guardias.
—Sí, déjeme pasar.
Mentir es la única forma de ver a mi ex. El otro guardia le gritó una orden a su compañero y este me dejó entrar.
Quedé horrorizada al ver el estado deplorable de Adrián. El monitor cardíaco emitía un pitido constante.
No quedaba nada del hombre que fue mi esposo y que alguna vez me juró amor eterno para después arrastrarme a un infierno de deudas y manipulación.
Su rostro estaba irreconocible: hinchado,