Gael.
—Mide tus palabras, mujer. No te vayas a arrepentir después.
—Sí, mándame a eliminar a mí también. Destruye a tú sangre.
Mi mundo se desajustó al ver el miedo en los ojos de Arya, quien siempre había despertado en mí un instinto primitivo de posesión, pero que esta vez me miraba con temor.
Su mirada era de asco, sentí que esa acusación directa era una bofetada. Ella desafiaba mi autoridad y ponía mi nombre en la boca de los extraños que caminaban por la acera.
Respiré profundo para no per