Arya.
Me quedé congelada al oír a Tamara, por mi mente pasó lo peor. Gael había ejecutado la sentencia.
Miré a Tamara, todavía con esa respiración agitada por causa de la rabia.
Yo me quedé en silencio, simulando ser invisible pero atenta, conteniendo el aliento para no interrumpir. Un sismo familiar se había desatado.
—¡Respóndeme, papá! ¿Fuiste tú? ¿Le pagaste a unos matones para borrar a Adrián?
Gael no se inmutó. La mención del asunto de Adrián no provocó ni un solo parpadeo en sus ojos.