Arya.
Ayudé a mi suegra a levantarse del piso, nos abrazamos y lloramos; esperando lo peor.
—Madre, Maximiliano te necesita fuerte.
—Daría por mi vida por la de mi hijo, cuando seas madre lo entenderás.
No le refuté, ella tenía razón, el amor de una madre hacia su hijo es lo más puro que hay.
Yo me sentí pequeña en ese instante; el amor que Max sentía por mi era parecido. No dudó ni un segundo en colocar su carne para proteger la mía.
Me resultaba odioso que yo siguiera amando a Gael, teniendo