Arya.
Me paré justo enfrente del edificio del grupo Altamirano.
“Vamos Arya, está prohibido ser débil.”, trataba de calmar mis nervios.
Subir por el ascensor privado hacia el piso cuarenta y dos se sintió como ascender al mismísimo infierno. Cuando las puertas se abrieron, el piso ejecutivo estaba en penumbra. No había secretarias ni guardias.
Solo la luz de la luna iluminaba los enormes ventanales. Caminé hacia la oficina principal. La puerta estaba entrejunta. Empujé suavemente y entré.
Gae