181- Patadas de ahogado.
Arya.
—¡Auxilio!, vengan al balcón. —Grité mientras corría en busca de los empleados.
Mi esposo estaba sudando, pero no soltó a su hermana, quien se balanceaba a punto de caer.
—¡Hermano! ¡Suéltame! Nos vamos a caer los dos.
—No me importa, no te voy a soltar.
Un grupo de hombres se hizo presente para ayudar a Maximiliano, tiraron de su cuerpo hasta que trajo a Tamara al piso.
El barandal se terminó de caer, luego. Por varios segundo de diferencia y esa caída de quince metros de altura hubiera