El silencio entre ellos se alargó, solo interrumpido por el crepitar del fuego en la chimenea. Carttal sentía el peso de la revelación como una losa sobre su pecho. Aslin, con la mirada perdida en las llamas, parecía atrapada entre el pasado y el presente.
—Dijiste que fuiste parte de un programa… —Carttal rompió el silencio con cautela—. ¿Recuerdas cómo comenzó?
Aslin apretó los labios. Sus manos temblaban apenas perceptiblemente.
—Mi madre me entregó —susurró.
Las palabras cayeron como un puñ