Liam le dio un sutil asentimiento de cabeza a la enfermera, quien entendió la señal de inmediato y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con un clic seco. La tensión en el aire se volvió casi palpable; el silencio se rompió solo por la respiración entrecortada de Ece y el leve crujido de la cama al moverse.
En ese instante, Brian apareció por la puerta, acercándose con pasos firmes y seguros, sus ojos fijos en Ece. Su voz, baja y cargada de curiosidad, resonó con fuerza:
—¿Cómo