—Tenemos que irnos de Centralia —dije de golpe, con la decisión clavada en el pecho como un hierro ardiente—. Debo volver a Londres… tengo que salvar a mi familia. Quién sabe qué cosas tan horribles les está haciendo ese malnacido en este momento.
Me giré hacia la puerta, pero la voz de Ethan me detuvo en seco.
—¡Espera, Carttal! —exclamó con tono grave—. Eso sería un suicidio. Apolo debe tener el aeropuerto rodeado ya. Seguro se enteró de tu escape.
Me quedé inmóvil unos segundos. Cerré los pu