POV : Aslin Ventura
No sabía cuánto tiempo había pasado. En la oscuridad, los minutos se diluían hasta parecer horas, días. Mis labios estaban resecos, la garganta me ardía. El estómago me dolía con punzadas agudas, pero más que el hambre o la sed, me dolía el alma.
El silencio era un cuchillo. No había pasos, ni voces, ni siquiera el sonido de una gotera que pudiera recordarme que el mundo seguía allá afuera. Solo el eco de mi respiración, temblorosa y débil, y los latidos de mi corazón, que a