POV: Aslin Ventura
El tiempo parecía haberse detenido. Frente a mí, Alexander sonreía como un maníaco mientras el cañón frío de la pistola de Carttal rozaba su sien. Esa sonrisa torcida, enfermiza, me dejó claro lo podrido que estaba por dentro. No era un hombre… era un monstruo que disfrutaba del dolor ajeno.
—Carttal, eres increíble… —su voz sonaba irónica, venenosa—. Acabo de llegar y esta es la bienvenida que me das. No eres muy amable que digamos.
—¡Cállate o te disparo aquí mismo! —rugió