Al llegar a nuestro destino, Verónica me ayuda a salir del auto y me guía hacia su apartamento. No pierde el tiempo y de inmediato comienza a curar mi mano herida y la cortada en mi frente.
—Aslin, esto se ve muy mal. ¿No prefieres ir al hospital? —pregunta con el ceño fruncido.
—No, Vero, no te preocupes. En unos días sanará —respondo con amargura.
—No puedo creer lo cruel que es Alexander. Cruzó por tu lado y simplemente te ignoró como si no te conociera en lo absoluto —dice, enojada.
—Lo