Mundo ficciónIniciar sesiónEl cielo aún lloraba con la misma furia contenida que lo dominaba por dentro.
Lorenzo empujó la pesada puerta de la mansión Velardi con el hombro, los dedos húmedos resbalando por la manija. La lluvia seguía escurriéndose por su rostro como si cada gota intentara, en vano, lavar el sabor amargo de la culpa. La ropa estaba empapada, pegada al cuerpo, el cuello de la camisa abierto como si ya no tuviera fuerzas ni para mantener intacta la apariencia.
El olor a whisky mezclado con de la tormenta subía por sus narices y se mezclaba con el perfume húmedo del jardín. Pero no era eso lo que lo asfixiaba. No era el frío, ni la humedad, ni el alcohol. Era el recuerdo. Ese maldito recuerdo. La imagen de Isabella parada frente a la flor de Letícia, empapada, vulnerable, con la camis







