Mundo ficciónIniciar sesiónPasaban las once y media cuando el sol, alto y vibrante, derramaba su luz intensa sobre el sitio de Buena Esperanza, bañando de dorado las tejas antiguas y las paredes encaladas de las construcciones coloniales. La claridad se reflejaba con fuerza en las ventanas abiertas, haciendo centellear el vidrio e iluminando cada rendija con la generosidad de las horas que anteceden al almuerzo. El calor comenzaba a elevarse desde la tierra apisonada







