Lorenzo sabía que tenía que calmarse. No podía dejar que el odio se apoderara de él. Tenía que ser frío y calculador. Miró de nuevo su imagen en el espejo y dejó al hombre que había enterrado volver a su cuerpo. El hombre frío, decidido y dispuesto a todo para proteger a quien ama. Vereda iba a pagar por lo que hizo y definitivamente ella desaparecería de su vida.
Se desnudó lentamente, como si cada prenda de ropa fuera un peso que caía al suelo, pero la tensión no se disipaba. Entró en la caja