EVASIVA
—Trabajo para quien paga, señor —respondí, con una media sonrisa—. Y confía en mí, claro.
Me observó durante unos segundos, como si estuviera asimilando mi respuesta, que fue sincera, pero quizá demasiado simple.
Entrelazó los dedos sobre la mesa:
—Respuesta bastante evasiva, señorita.
—¿E…vasiva? —lo miré, confundida.
Tal como iban las cosas, en cualquier momento hablaría de aquella noche, hace un mes. Y, Dios, recé para que eso no ocurriera. Tal como iba todo, prefería que realmente n