—¿Qué… dijiste? —fruncí el ceño, aturdida.
Noté cuando él tragó saliva, pero mantuvo la mirada fija en la mía:
—Dije que ya entendí que te gusta ir a los baños. Y si vas a enjabonarte y lavarte bien las manos.
Arqueé una ceja y sacudí la cabeza de forma exagerada, como si con eso pudiera revolver el cerebro y ponerlo de nuevo en su sitio. Estaba segura de haber oído algo como SABOTEAR y DROGAR. ¿Y ahora venía con… enjabonar y lavar?
—Yo… entendí drogar y…
Abrí la boca para cuestionar, pero