¡ES ÉL!
Su sonrisa tardó un minuto más de lo aceptable. Llegué a oír con claridad en mi cabeza:
“Manzanita… has venido.”
Pero entonces la realidad tuvo la amabilidad de tirarme de los pies, como un alma en pena que viene a atormentar a los vivos.
—Excelente timing. Suelo decir que la puntualidad es relativa, pero mi reloj discrepa. —miró detenidamente su muñeca—. ¡Qué alivio que hayas aparecido! ¿Debo ajustar mi reloj y la rutina de mi casa a tu huso horario? ¿El retraso forma parte de tu currí