EVASIVA—Trabajo para quien paga, señor —respondí, con una media sonrisa—. Y confía en mí, claro.Me observó durante unos segundos, como si estuviera asimilando mi respuesta, que fue sincera, pero quizá demasiado simple.Entrelazó los dedos sobre la mesa:—Respuesta bastante evasiva, señorita.—¿E…vasiva? —lo miré, confundida.Tal como iban las cosas, en cualquier momento hablaría de aquella noche, hace un mes. Y, Dios, recé para que eso no ocurriera. Tal como iba todo, prefería que realmente no me recordara.Pero… ¿era posible olvidar? Por más que yo no fuera alguien memorable… estuvimos tan íntimamente conectados.Levanté la barbilla y mantuve la postura. No importaba lo que aquel hombre pensara de mí ni adónde quería llegar realmente. Yo necesitaba ese trabajo. Mucho.—¿Qué crees que necesita un niño, Maria Fernanda?Cuando no usaba el “señorita” y se refería a mí por mi nombre, me descolocaba aún más. Me quedaba con la mirada fija en su boca, intentando mantener la cordura, mientr
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