Denisse se sentó lentamente en la silla frente al escritorio, como si temiera que un movimiento brusco rompiera algo invisible entre ellos. La madera crujió levemente bajo su peso. Sus manos descansaron sobre sus rodillas, rígidas, entrelazadas con fuerza. Sentía el corazón acelerado, pero su cuerpo estaba extrañamente frío.
Noah permanecía sentado en la orilla de la cama, con la espalda recta y los codos ap