Clara salió de su casa sin saber exactamente a dónde iba, solo sabía que no podía seguir encerrada en ese cuarto que ya olía a ansiedad y lágrimas acumuladas. Cada segundo sin un mensaje de Marcus era una piedra más sobre su pecho. No importaba cuánto intentara repetir el consejo de Evelyn, “dale espacio”, la frase no tenía sentido alguno para la forma en que su mente funcionaba ahora. Dar espacio a un hombre significaba perderlo. Dar espacio significaba permitir que otra mujer entrara. Dar espacio era renunciar a la única cosa que había logrado construir, incluso si lo había construido sobre arena, miedo y mentiras. Y Clara no sabía renunciar. No sabía perder. No sabía aceptar un no. Mucho menos de Marcus.
Caminó sin rumbo fijo durante varios minutos hasta que, sin pensarlo, ya estaba frente a las puertas de Blackthorne Industries. Llegó con el corazón acelerado y una sensación de destino inevitable. Había algo dentro de ella que le decía que tenía que estar ahí. Que ese era el lugar