El Santuario nunca estaba del todo en silencio.
Había pasos suaves, respiraciones cansadas, el murmullo del agua corriendo por las cañerías antiguas y ese sonido casi imperceptible que Lysandra había aprendido a reconocer: el latido colectivo de quienes habían llegado allí buscando algo... sobre todo refugio. Lobos rotos. Humanos quebrados. Criaturas que no encajaban en ningún mundo y no podían permanecer en sus lugares de origen por diferentes razones.
Lysandra caminaba por el ala este del hos