El Santuario despertaba siempre con un murmullo suave, como si la tierra respirara distinto allí. Lysandra había aprendido a reconocer ese sonido en las últimas semanas: pasos tranquilos, voces bajas, el roce del viento entre los árboles antiguos que rodeaban la ciudad oculta. No era silencio, pero tampoco era caos. Era… equilibrio.
La calma era un estilo de vida en ese lugar.
Ella caminaba por el hospital con una bandeja entre las manos, repartiendo vendas limpias y frascos de ungüentos. Ya no