ADRÍAN
Despierto con un dolor insoportable en la cabeza. Me palpita como si me hubieran partido el cráneo a golpes. Respiro y el aire me raspa la garganta, seco, sucio, con ese olor a metal y humedad que solo existe en lugares donde nadie debería estar.
Intento moverme por instinto.
Y el tirón me lo recuerda todo de golpe.
Estoy esposado.
Mis muñecas están sujetas a los brazos de una silla, el metal clavándose en la piel. Forcejeo, pero solo consigo que las esposas se aprieten más, cortándome l