ADRIAN
Las habladurías en la empresa no se han detenido. Hace unos días fueron los funerales de Carla. No sé dónde se realizaron ni me tomé el tiempo de averiguarlo. Tampoco habría ido. No iba a fingir un dolor que no siento. El que juega con fuego, tarde o temprano se quema.
La llamada desde recepción me obliga a moverme.
Bianca ha llegado.
Últimamente soy el centro de todas las miradas en este lugar, y no pienso permitir que ella pase por lo mismo.
Bajo a la planta baja. Bianca está hablando con la recepcionista. No vino con Austin; estamos evitando exponerlo más de lo necesario. Un escolta permanece a unos metros, atento, sin invadir. Cuando me ve, su rostro cambia de inmediato. Sonríe. Esa sonrisa que me desarma incluso ahora, cuando aún estamos en ese terreno frágil donde nada está del todo resuelto.
Se acerca y me abraza.
Solo eso.
Un abrazo.
Y aun así, se me afloja algo en el pecho.
—¿Nos vamos? —pregunta en voz baja.
Me inclino hacia ella, casi sin pensarlo.
—Estás muy guapa.