—¿Papá? ¿A dónde vamos? —¿Por qué nos movemos de lugar? —preguntaba Renata un tanto intrigada, pues ya se había acostumbrado a no tener que ordenar su habitación.
—Nos vamos a casa… Apenas mencionó Esteban.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Cómo? ¡No! —¿Por qué me llevas con mamá? —reaccionó sorprendida la niña.
—No vamos con mamá… —Suspiró el hombre. —Vamos a mi casa, nos vamos al penthouse, no podemos vivir toda la vida aquí.
—¡Oh! ¿Vamos a vivir con la señorita Huesca? —sonrió la niña alegremente.
—¡Es