Tras ver cómo el ferry se alejaba del muelle, Marina no se sintió con ánimos de regresar al hotel, al menos no tan rápido como lo haría en un carrito de golf, por lo que prefirió caminar hacia la costa.
Mientras caminaba, trataba de calmar su corazón, pero, por más que lo hacía, no podía negarlo; todo el trayecto no paraba de sentir un inmenso dolor en el pecho, hasta que en ese momento recordó algo de su pasado.
No entendía cómo era que, con los años, había logrado olvidar esa terrible sensació