Ofelia iba escaleras arriba; las niñas ya estaban bañadas, arropadas y descansaban apaciblemente. En manos de esta mujer, ambas no se atrevían a discutir, ya que Ofellia aún era de las que con una mirada podía controlar a dos demonias como ellas.
Tras asegurarse de ello, fue a ver a la señora Marina; le llevaba un sándwich y un vaso con leche. Luego de aquella noticia que venía a cambiar su vida por completo, Marina no había tenido ánimos de bajar a comer, cenar o hacer algo más.
—Señora… ¿Puedo