Luego de la larga plática con Efraín, Marina se la pasó casi toda la noche pensando en cómo iba a explicarle a sus hijas que vendería la casa en donde ellas habían crecido, puesto que, sí, efectivamente, ella no era feliz en ese lugar, pero, sus hijas habían crecido ahí; seguro que tenían muy buenos recuerdos de aquel lugar llamado hogar.
Por más que se devanó los sesos, no encontró las palabras correctas; sabía que, tal como siempre, Diana podría ser la que comprendiera mejor y más rápido la s