Elena
Me acerqué más a ellas, todavía atrapada en mi conmoción. No podía evitar preguntarme cuán cerca estaban las dos, cuándo se había formado esa cercanía y cuánto tiempo había existido sin que yo lo notara. El pensamiento hizo que mi pecho se apretara. ¿Cómo habría reaccionado Elena al ver esto? ¿Las habría molestado, habría puesto los ojos en blanco o simplemente lo habría aceptado como algo normal?
No lo sabía.
Momentos como este me recordaban con demasiada crudeza que estaba viviendo una vida que no era realmente mía. Solo la estaba tomando prestada. Prestando sus relaciones, sus rutinas, su lugar en el mundo. Y a veces, como ahora, no sabía dónde encajaba yo. El pensamiento me carcomía.
Antes de que siquiera llegara a la puerta de la cocina, Mia me vio y me hizo una seña para que me acercara. Ya estaba masticando un bocado de panqueques cuando entré por completo, completamente a gusto.
«Esto es, como, el mejor panqueque que he probado en mucho tiempo», dijo con la boca llena,