Elena
Aún era temprano en la mañana cuando llegué a casa.
La casa estaba en silencio de una manera que parecía deliberada, escenificada, como si estuviera conteniendo la respiración esperando que algo ocurriera. En cuanto entré y cerré la pesada puerta detrás de mí, Bella apareció desde el pasillo, secándose las manos en el delantal. Sus ojos se suavizaron con alivio al verme.
—Bienvenida de vuelta, señora —dijo con suavidad, su voz cálida—. ¿Está bien?
—Estoy bien —respondí, aunque mi voz sona