Elena
Entré en la casa y el familiar aroma de lirios caros y cera para pisos me envolvió como una manta suave… una que cada día se sentía más como un sudario. El aire acondicionado zumbaba en su habitual tono casi silencioso, un contraste brutal con el rugido de mi propio pulso que aún retumbaba en mis oídos después de la carrera.
Bella me recibió en el vestíbulo con una sonrisa educada y gentil.
—Bienvenida de nuevo, señora. Geralt está en el balcón tomando el té.
Asentí sin decir palabra;