Elena
Desperté el sábado por la mañana con una inquietud extraña, una energía nerviosa y vibrante que zumbaba bajo mi piel como un cable con corriente. Era uno de esos días en los que las paredes de la mansión Scott parecían cerrarse lentamente sobre mí, el aire demasiado quieto y el silencio demasiado pesado. Me estiré, con los brazos extendidos hacia el techo ornamentado y los dedos de los pies encogidos contra la fría seda de las sábanas. La luz del sol que se filtraba a través de las pesad