Elena
Sacudí la cabeza rápidamente.
—No es nadie.
Geralt no parecía convencido. Se quedó plantado en el umbral de la puerta, su silueta bloqueando la luz del pasillo y proyectando una larga y amenazante sombra que se extendía por la alfombra hasta mis pies. Sus ojos permanecieron fijos en mí: afilados, escrutadores, casi como si intentara abrirme en canal y ver qué escondía bajo la piel de la mujer que creía conocer.
Luego entró completamente en la habitación.
Mi pulso se aceleró. No era el a