Elena
La sangre en mis venas pareció convertirse en hielo mientras miraba al mecánico. Estaba allí, cambiando el peso de una bota manchada de grasa a la otra, sosteniendo un portapapeles como si fuera un arma. Me sentía con los ojos muy abiertos, completamente descolocada por la eficiencia de Geralt… o más bien, por su vigilancia. Esto no era un gesto de ayuda; era una correa.
—Yo… yo no le pedí a Geralt que enviara ningún mecánico —murmuré, y mi voz sonó débil incluso a mis propios oídos.
El