Elena
Cuando el día por fin llegó a su agotador final, sentí como si hubiera corrido un maratón a través de un campo de minas. Estaba exhausta, pero no era el tipo de cansancio que se arregla con una buena noche de sueño. Era un agotamiento que calaba hasta los huesos, provocado por la constante y desgarradora fricción de vivir dos vidas al mismo tiempo.
Guardé las cosas de mi escritorio lentamente, con movimientos mecánicos. Organicé los archivos de manila en filas ordenadas y engañosas, y m